
“… y hasta fuimos a fallar un penalti, cuando no había ni tiempo ni para respirar”
Arsenio Iglesias es de Arteixo. Apenas le bastan un saludo y un leve apretón de manos para adelantarlo como primicia. Viste elegante, a juego con las canas y el sol que traquetea como una locomotora de juguete sobre las Galerías de la Marina. Su voz tiene ya ese rasgueo de los años y los atardeceres, un toque musical y sabio en el que acomoda las palabras.
El humo del café serpentea bajo el paraguas de una conversación que se inicia en el recuerdo del último libro. Arsenio sonríe al conocer que hemos compartido durante años el bohemio oficio de los libreros. “La mirada perdida y huidiza te delataba. Soy un comisario de la literatura”. A ambos nos gusta que este encuentro de café y fútbol se haya convertido en un intercambio de lecturas y sorbos de melancolía.
“Los libros no son lo que uno espera. El viejo librero lo sabe, por eso más que libros vende historias diferentes, recuerdos, leyendas. Un libro son miles de libros, cada uno distinto en el corazón de quien los lea”
El tintineo de la cucharilla del café acompasa el gusto y la memoria del Sabio de Arteixo. Mueve las manos, gesticulando con cada golpe de timbal en el acento. En los ojos vidriosos auguro la certeza de aquel que domina el susurro y la voz como parte de un juego premeditado. Mientras, A Coruña gira alrededor como un tiovivo de cristal.
Aquel último libro le sirve de afluente para llegar al río del fútbol. Riazor, A Coruña, Granada, Oviedo, Alicante… La melodía que fluye de la catarata de sus recuerdos irrumpe en la banda sonora del mediodía. Arsenio levanta los brazos con cada gesto, sonríe, evoca, se adentra en un combate en el que el tiempo se declara invencible e irrecuperable.
Son los años de viejos ascensos que emergían como islotes blanquiazules ante el faro de Maratón, años de calcetines rojos en Alicante, regresos, abrazos, goles que nunca llegaron… Una entrañable serpentina de nostalgia se agarra de las palabras.
Es una montaña rusa que inicia el descenso vertiginoso hasta el límite exacto de una sibilina noche de mayo. La voz de Arsenio se contrae, como el viejo acordeón que trepa en busca de su última nota. Algo cruje a madera rota en el armario de ropa elegante de su memoria. Las palabras van desacelerando, empapadas de la lluvia casi gris con la que el tiempo decora los romances sin beso y las derrotas.
“Mucho que decir y poco que contar…yo creo que estaría escrito así…nos faltó marcar un gol…”
Arsenio pedía calma desde el banquillo. A Coruña dejaba de ser por unos segundos una delicada dama decimonónica de cristal para convertirse en el rugido fiero de un pelotón de historia. Las primeras lágrimas habían dado marcha atrás y regresaban aturdidas aún por la carretera de las mejillas.
Detenido o no, el tiempo desenvainó la espada de los recuerdos a once metros de la gloria. Querer y no poder, como si de un antiguo oficio se tratara. Luchar y morir en pleno desembarco de la añoranza, a pocos segundos del horizonte. Saltar al vacío, quedarse prendido en las hojas de la cobardía y los miedos. Emociones, sentimientos, toda una batalla casi ilegible a orillas de un corazón que reventaba Deportivo, Deportivo en el pecho.
“…yo siento una gran tristeza por esas gentes de la calle que yo veía todos los días. Los lunes, los martes, esa gente mayor, esos niños que tenían una ilusión tan tremenda, y que yo pensaba que podríamos desilusionarlos porque podía pasar esto… porque ya no es la primera vez que me pasa, o que le pasa a las gentes… y ha pasado… hasta fuimos a fallar un penalti cuando no había ni tiempo ni para respirar… Tuvo que darse todo así”
Un silencio de pirámide y rascacielo rasga en dos el ejército del tiempo. Apenas un par de segundos, un cauce seco. Arsenio toma entre sus dedos agrietados la pequeña taza de café como si acabara de encontrar un viejo mapa del tesoro. Allí, prendido aún del ocre lago caliente que se retuerce en humo, encuentra la estación de tren necesaria para huir de la mordedura de los recuerdos.
“¿Porqué no seguimos hablando mejor de libros?”…
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